COORDINACIÓN DE VINCULACIÓN Y SERVICIO SOCIAL



UNIDAD DE APOYO A COMUNIDADES INDÍGENAS



Coordinadora de la Coordinación de Vínculación y Servicio Social de la U de G

Mtra. Ana Rosa Castellanos Castellanos



Jefe de la Unidad de Apoyo a Comunidades Indígenas (UACI)

Lic. Juan Manuel César Díaz Galván




Responsable de EDUCOMI de la UACI

Lic. José de Jesús Loza
Sánchez

IMPUNIDAD MINERA EN AYOTITLAN

Publicado por MISIÓN Y VISIÓN | Etiquetas: | Posted On jueves, 16 de abril de 2009 at 11:47

LA JORNADA JALISCO
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CARLOS GONZÁLEZ GARCÍA
Impunidad minera
1 Una vez más las empresas mineras se aposentaron en las tierras que pertenecen, bajo el régimen ejidal, a la comunidad nahua de Ayotitlán. A la brava, sin concesión minera de por medio, sin las autorizaciones en materia de impacto ambiental indispensables para cualesquier actividad minera, sin las licencias municipales correspondientes y, lo que resulta principal en este torvo asunto, sin el permiso de ocupación temporal previsto en el artículo 19 de la Ley Minera vigente, mismo que únicamente puede ser otorgado por la asamblea de ejidatarios de Ayotitlán expresamente convocada para ello; hace un par de días un pelotón de trabajadores patrocinados por tres sujetos de apellido Páramo iniciaron la construcción de caminos y terraplenes en el paraje conocido como Mojoneras con el propósito de extraer una parte de los cuantiosos minerales ferrosos que se localizan en el sur de Ayotitlán.
Ante la intrusión de estas personas en tierras que no les pertenecen y siendo de sobra conocida la pasividad de las autoridades gubernamentales para impedir tales desacatos a las leyes, la reacción de la comunidad no se hizo esperar, pues, encabezada por el Comisariado ejidal y el Consejo de Mayores, paró los trabajos que desvergonzadamente destruían los estratégicos bosques localizados en la zona de influencia de la valiosa Reserva de la Biosfera Sierra de Manantlán.
2. Ciertamente no es la primera vez que empresarios mineros invaden y destruyen las tierras de Ayotitlán con el propósito de extraer los minerales que duermen en su seno. A finales del año 2007 una empresa china con sede en la ciudad de Manzanillo, la Comercializadora Internacional de Minas, ocupó ilegalmente un predio que se localiza muy cerca del invadido por los hermanos Páramo.
En aquel entonces “los chinos” –como se les conoce por el rumbo– ocuparon la parcela de don Lino Roblada, ejidatario y autoridad tradicional de Ayotitlán. Sin permiso alguno y sin la anuencia de la asamblea de ejidatarios, destruyeron las milpas, derribaron árboles y extrajeron grandes cantidades de magnetita en el paraje denominado “La Mina de las Piedras Bolas”.
En aquella ocasión los ejidatarios también tuvieron que presentarse en el lugar de los hechos y paralizar, por mano propia, las actividades mineras de “los chinos”. Posteriormente, los ejidatarios obtuvieron un amparo que ha sido infringido una y otra vez por la Comercializadora Internacional de Minas en sus múltiples intentos por continuar la explotación minera.
3. Unos años antes, entre julio y diciembre del 2005, el Consorcio Minero Benito Juárez-Peña Colorada, empresa trasnacional que durante años ha explotando los ricos yacimientos ferrosos que se localizan en el mineral de la Peña Colorada, el más cuantioso del país, pretendió ampliar sus actividades hacia el paraje conocido como la “Piedra Imán”, dentro de los terrenos ejidales de Ayotitlán. La movilización organizada por el Consejo de Mayores más la interposición de un amparo lograron frenar la tentativa del Consorcio por seguir ensanchando su vastos lotes mineros –y sus bolsillos– a cuenta de la pobreza de los nahuas de Ayotitlán.
4. En esta reciente historia de despojos y resistencia indígena destacan dos cuestiones; la primera es la impunidad con que actúan las empresas mineras, ocupando tierras que no les pertenecen, destruyendo bosques que resultan estratégicos para el equilibrio natural de la región y alterando la vida y el territorio de una comunidad milenaria sin consideración ni respeto algunos.
Se trata de individuos y empresas que delinquen, cometen infracciones administrativas y violan derechos humanos sin que ninguna autoridad gubernamental se atreva a meter siquiera las narices. Pareciera ser que la Sierra de Manantlán se encuentra al margen del estado de derecho, en las nebulosas fronteras de la colonización porfiriana que provocó el despojo y exterminio de multitud de pueblos y comunidades indígenas. Pretenden los mineros la reorganización del territorio nahua a su antojo y a despecho de las leyes vigentes en este país. Es en dicha tesitura que los conquistadores del far west mexicano rebautizan al paraje Mojoneras como lote minero “Páramo” o a la Mina de las Piedras Bolas como predio minero “Los Juanes”.
La segunda cuestión que hemos de destacar es la terca resistencia de Ayotitlán que en su digna lucha no únicamente se defiende de la surrealista y trasnacional invasión de unos tales “chinos”, “juanes” o “páramos”, sino que garantizando la pervivencia de los bosques de Manantlán y del territorio que ancestralmente ha ocupado, también siembra futuro.

Publicado por MISIÓN Y VISIÓN | | Posted On martes, 14 de abril de 2009 at 9:16

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LA JORNADA JALISCO


Nueva irrupción en mina de Ayotitlán; los ejidatarios retienen la maquinaria
El Comisariado Ejidal interpondrá una denuncia penal y reclamará reparación de daños


Nueva irrupción en mina de Ayotitlán; los ejidatarios retienen la maquinaria
RAUL TORRES

Pobladores del ejido nahua de Ayotitlán, en la sierra de Manantlán, nuevamente detuvieron por sus propios medios maquinaria pesada de una minera que sin autorización irrumpió en la comunidad para hacer trabajos de extracción de materiales.
La mañana de ayer, los habitantes del poblado Mojoneras avisaron a los integrantes del Comisariado Ejidal y el Consejo de Mayores sobre la presencia de un trascabo y una camioneta con trabajadores que removían la tierra para preparar el terreno de la mina.
Las autoridades ejidales y tradicionales se movilizaron y pararon la maquinaria, ya que nadie mostró los permisos requeridos para trabajar en la zona, próxima a la Reserva de la Biosfera de Manantlán.
Al igual que en enero de 2008, cuando una invasión similar provocó que la comunidad retuviera maquinaria que trabajaba para empresarios chinos, el trascabo y la camioneta se depositaron en la delegación de Ayotitlán, donde los ejidatarios esperan que se presenten los dueños y muestren los documentos que autorizan los trabajos dentro de la comunidad.
Sin embargo, horas más tarde liberaron la camioneta para permitir que los trabajadores de la minera salieran de Ayotitlán y dieran parte a sus patrones.
Personal de la Unidad de Apoyo a Comunidades Indígenas (UACI), de la Universidad de Guadalajara, quien desde hace varios años asesora a los nahuas de Ayotitlán en materia legal, informó que desde el 28 de julio de 2008, Sergio Páramo Farías, Agustín Páramo Frías y Luis Alejandro Cortés Chavarría, originarios de Colima, solicitaron una concesión para la explotación de hierro, oro, plata, plomo o cualquier otro material que se encontrara en el predio donde ayer se detuvo la maquinaria.
No obstante, indicó el personal de la UACI, la concesión aún no se entrega, por lo que ante la invasión ilegal de ayer, el Comisariado Ejidal, encabezado por Juan Mancilla Roblada, interpondrá un amparo para evitar que se entregue la concesión e interpondrá una denuncia penal por despojo, además de una denuncia civil reclamando reparación de daños y perjuicios.

Mazahuacholoskatopunks: Expresión estética de una transculturación, los jóvenes indígenas que llegan a trabajar a la capital del país rehacen con estr

Publicado por MISIÓN Y VISIÓN | Etiquetas: , | Posted On lunes, 13 de abril de 2009 at 20:58


Mazahuacholoskatopunks: desdibujando los orígenes
Expresión estética de una transculturación, los jóvenes indígenas que llegan a trabajar a la capital del país rehacen con estridencia su imagen y su actitud para integrarse al entorno urbano y sobrevivir.
2009-04-12 Milenio semanal



Mazahuacholoskatopunks es el término que Federico Gama eligió para el título de su libro —publicado por el Instituto Mexicano de la Juventud— y para referirse a un fenómeno estético-cultural: desdibujar el origen de toda una migración de adolescentes indígenas, quienes encontraron en la estridencia visual una forma de fundirse en el paisaje urbano capitalino y de permanecer en el anonimato para, así, montar una ilusión óptica que despista a los citadinos y elude la discriminación.
“Integré este término para referirme a los miles de jóvenes que llegan a trabajar en la Ciudad de México desde las comunidades indígenas y rurales (la zona mazahua va desde Atlacomulco, Estado de México, hasta Zitácuaro, Michoacán, aunque también entran en esta categoría jóvenes de Puebla, Hidalgo, Veracruz, etcétera). Los hombres se dedican principalmente a la construcción, mientras que las mujeres ocupan los trabajos domésticos”, explica el autor. “Estos chavos se ven obligados a vivir una vida bicultural desde temprana edad; nacen dentro de la cultura indígena en un mundo dominado por los mestizos. Cuando llegan a la ciudad no sólo integran elementos de su origen sino que mezclan códigos de vestimenta de las culturas juveniles que observan, como los cholos, skatos, punks, emos, darketos y todo el abanico de posibilidades estéticas que ofrece la ciudad. Todo esto con el fin de que su origen indígena pase inadvertido. Entre más exageran su vestimenta más invisibles se vuelven dentro del entorno urbano, aunque suene contradictorio. Esta transformación no sólo se da en la vestimenta sino también en el lenguaje corporal: miran y caminan de otra manera; se convierten en conquistadores, se sienten atractivos para las chicas”, asegura Gama.
“Durante la década de los ochenta los mazahuas emigraban principalmente a Estados Unidos. No fue sino hasta el auge de la construcción en el Distrito Federal —alrededor del año 2000, con las obras de la Torre Mayor, el Segundo Piso, Santa Fe, Interlomas, el Centro Histórico— cuando los mazahuas regresaron a la capital. Estos jóvenes ganan en el DF tres o cuatro veces más de lo que pueden ganar en sus comunidades. Antes de salir ya tienen una idea de lo que es la ciudad y los atractivos que ésta les puede ofrecer.
Las experiencias vividas en la capital son transmitidas de generación en generación, de boca a oído, e incluyen instrucciones específicas que van desde cómo deben vestir hasta cómo deben beber, mirar, caminar, etcétera. Además del dinero, estos jóvenes llegan a la Ciudad de México para cumplir con lo que se ha convertido para ellos en una especie de rito de iniciación esencial en el transcurso de sus vidas. Su paso por la capital representa un periodo de juventud que se les niega dentro de sus comunidades debido a la dureza que exige esa vida. Estos muchachos de pronto se descubren solos en la ciudad, a sus 14 o 15 años, con un ingreso tres veces mayor al de sus padres —aproximadamente mil 200 pesos semanales— y sin la autoridad que éstos pueden imponerles en su comunidad. La mitad del dinero va para sus familiares, pero ellos pueden decidir qué hacer con el resto. Por lo general gastan esa lana en su atuendo, en las chelas, jugando a la baraja o en las prostitutas de la Merced; mientras que los chavos defeños de esa edad dependen física, sicológica y moralmente de sus padres. Las niñas llegan más jóvenes porque dentro de sus comunidades se considera que después de la primera regla ya son mujeres; ya pueden tener hijos y, por lo tanto, casarse”, comenta.

“Los MCSP llegan a la ciudad de la misma manera en la que son expulsados de sus pueblos: con su vestimenta tradicional. Una vez en el DF y después de haber cobrado su primera quincena, empiezan a practicar, como en un ensayo coreográfico, los movimientos corporales que exige su nueva apariencia, la cual, a su vez, busca imitar a los grupos urbanos. Más allá de que los MCSP recolectan códigos de vestimenta de diferentes grupos, casi siempre se refieren a ellos como cholos; esto tiene que ver con que su primera referencia urbana viene de la migración a Estados Unidos durante los años ochenta y noventa. Para ellos cholo significa cualquier otra cosa que no sea su pueblo; decir cholo es lo mismo que decir foráneo. Sin embargo, lo suyo no deja de ser una actuación, ya que su estructura ideológica está fijada en lo que aprendieron en sus comunidades; al margen de que sí existe un cambio que trasciende lo cosmético, al menos en lo que se refiere al uso de drogas, alcohol y hábitos sexuales (muchos de ellos descubren su preferencia sexual fuera de sus comunidades) que marcan a estos jóvenes de por vida. Los MCSP son un ejemplo perfecto de cómo la cultura se reinventa y se recicla. Cuando regresan a sus comunidades cierran este proceso de doble asimilación, desembarazándose de manera gradual de esta imagen urbana concebida en la ciudad. Si bien en un principio no llegan con los pelos parados, sí regresan a sus pueblos con la vestimenta —ya sea con camisetas punk, imágenes llamativas de la Virgen de Guadalupe, pantalones guangos, piercings, etcétera— y los hábitos que fueron adquiriendo en la urbe, incluyendo la adicción a drogas como el tíner o el pegamento: sustancias que abundan en las zonas de construcción. Con el tiempo se van reasimilando a la estética y a las costumbres del pueblo, marcando así el final de esta corta etapa de juventud. Ellos asumen que independientemente de lo que hagan en la ciudad, en el futuro van a tener que cumplir con una serie de ritos muy específicos impuestos por su comunidad”, agrega Gama.
Tomando en cuenta la gran variedad de gremios que trabajan en las construcciones, Federico llevó su cámara a las obras para observar la interacción de los MCSP con los demás citadinos. “En una ocasión, mientras tomaba una fotografía a un MCSP, un cholo le empezó a ’tirar barrio’ —los cholos usan los dedos para señalar su barrio de origen y su estilo. El mazahuacholoskatopunk no tenía idea de lo que estaba haciendo el sujeto que tenía enfrente. Trataba de imitar las señas que hacía con las manos pero le salía de una manera muy torpe. Te apuesto que dos semanas después ya era un experto en ’tirar barrio’ sin saber lo que esto significa”, afirma Gama.

“Gran parte de los MCSP viven alrededor o dentro de las obras de construcción. Algunos rentan cuartos en las periferias de la ciudad; en ocasiones pueden llegar a ser seis o siete personas en una sola habitación. A diferencia de los cholos o los punks, los MCSP no son territoriales, aunque sí cuentan con lugares de encuentro fijos que son los mismos a los que iban sus antepasados. La Alameda Central, Pino Suárez, Tacubaya y la Plaza de San Ángel son algunos de los sitios en donde los MCSP se congregan los domingos para cotorrear después de misa y de una ardua semana laboral. Algunos empresarios oportunos se han dado cuenta de este fenómeno y se han dedicado a adaptar estos espacios a las necesidades de los MCSP: llegan a juntarse más de dos mil jóvenes para bailar, beber y ligar en estos eventos. Incluso hay tabledance exclusivos para los MCSP. Se ha generado toda una cultura alrededor de este fenómeno.
“Había un momento específico que me interesaba mucho fotografiar —confiesa Gama en referencia al capítulo ’Top Models Mazahuacholoskatopunk’—; el de la transformación del lenguaje corporal de estos chavos cuando portan su atuendo citadino; de cómo de pronto estos jóvenes parecían muy seguros de sí mismos, caminando por la calle con la misma confianza con la que un modelo recorre una pasarela. Soy un paparazzi de los MCSP”, afirma detrás de una sonrisa serena.
En su prólogo a Mazahuacholoskatopunks, Rogelio Villarreal concluye su aportación a esta formidable polaroid antropológica con una serie de preguntas punzantes: “¿Esta nueva comunidad de post-indios urbanos está destinada a ser consumida por un monstruo que los aloja en el más oscuro de sus rincones y les exprime hasta la última gota de energía después de haber levantado portentosos rascacielos? ¿Haber sido mazahuacholoskatopunk habrá sido solamente una anécdota en su vida? ¿Son la alegoría más exacta, desconcertante y vistosa de la nueva condición del mexicano del futuro: sin educación, explotados, condenados a una vida gris, de privaciones, sin mayores expectativas? Atrapado entre la tradición y la modernidad, el país se pierde en el camino. ¿Lo saben los mazahuacholoskatopunks?”.

Ari Volovich •
Fotos: Federico Gama

Concurso de fotografìa Tiirì (niñez indìgena)

Publicado por MISIÓN Y VISIÓN | Etiquetas: | Posted On sábado, 11 de abril de 2009 at 23:27


Presentaciòn Libro "Regreso a Tuxipa·" en NIerika

Publicado por MISIÓN Y VISIÓN | Etiquetas: | Posted On at 23:25


Programa de radio en Ecuador, Sucediò en 2005 pero està vigente

Publicado por MISIÓN Y VISIÓN | Etiquetas: | Posted On at 0:22

Tomado de la pagina web Radioteca

Cuatro niños indígenas mueren en un basural de Riobamba, ciudad andina del Ecuador. 2810

Producción: Radialistas.net Pais: Ecuador
Idioma: Español Formato: Micros
Fecha Producción: 02/2005

Tema: ECONOMÍA
Subtema: Hambre / Pobreza

Represiòn (limpieza social), en Colombia contra los pepenadores indìgenas

Publicado por MISIÓN Y VISIÓN | Etiquetas: | Posted On jueves, 9 de abril de 2009 at 10:57

Tomado de la JORANADA JALISCO

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TUNUARY CHAVEZ, CRISTIAN CHÁVEZ Y VANESA GARCÍA
Los pueblos de América Latina

Los pueblos indígenas de América Latina han sufrido una persecución atroz sin cesar desde que comenzó la conquista, y hoy aún persiste, pero ahora operando desde modos más sofisticados y complejos, donde el botín de la delincuencia más organizada del mundo, la del poder, se hace de estrategias para atentar contra los elementos más fundamentales de la vida, como son las esencias de la vida o las funciones ecosistémicas, a las que el mercado global ha insistido en llamar servicios ambientales, que no es otra cosa que todos paguemos los costos de la devastación ambiental capitalista.
En medio de importantes ecosistemas cuidados por los pueblos indígenas y campesinos de Colombia se vive una complicada situación política y social, ante una guerra de exterminio que, además, se generaliza en todo el planeta, donde ocurren intensos procesos de migración, que transforman el despojo que ocurre en el campo en la explotación en corredores de miseria en las ciudades, en actividades económicas paradigmáticas por su naturaleza, como es en Colombia el reciclaje de basura.
En América Latina es difícil hablar de un registro histórico que permita calcular el inicio del trabajo de los recicladores, pero en el caso concreto de Colombia, a principios de la década de los años 50 era en un 70 por ciento rural, la violencia desatada en el campo, por las invasiones y agresiones por parte de militares, paramilitares y la guerrilla, ocasionaron la muerte de miles de campesinos, dejando a viudas y huérfanos producto de esta violencia, que sin otra opción migraron a las ciudades conformando una población sin oportunidades laborales.
Encontraron en las basuras una forma de sobrevivir, apareciendo así hombres, mujeres y niños que buscaban, entre las basuras de las plazas de mercado, comida para mitigar el hambre, y en las basuras de las casas, elementos para reusar, tal como madera para construir sus casas en predios abandonados por el Estado, o como fuente de calor para preparar alimentos y calentarse; ropa, tarros, frascos, papel, fue lo que adquirían de los cestos y basureros.
Hoy, miles de personas viven en los basureros haciendo una labor ya fundamental en la regulación ambiental de Colombia, en donde según la propia ministra de Desarrollo Económico y Medio Ambiente, Cecilia Rodríguez, al menos 10 de las principales ciudades de Colombia están al borde de una crisis sanitaria sin precedentes por saturación de sus depósitos de basura; el país tiene 40 millones de habitantes y produce cada día en sus centros urbanos 26 mil toneladas de basura que están en rellenos sanitarios cuya capacidad se ha agotado o está a punto de agotarse. Se ha documentado ampliamente que los recicladores manejan alrededor de 6 mil toneladas diarias de materiales reciclables de esa cantidad de basura, haciendo esta labor en todas las regiones del país.
Mientras estuvieron en el campo, cuidando su territorio y con ello los ancestrales equilibrios de la naturaleza, de ese cuidado dependió el agua, el oxígeno y toda la materia prima que se usó en las ciudades, importancia ecológica que cobra un nuevo sentido en las urbes con el manejo de la basura.
Los pueblos recicladores no han dejado de sufrir la persecución neoliberal, primero despojados de sus tierras, después la discriminación y el desprecio que los ha orillado a una situación de miseria, la falta de políticas sociales, la intolerancia social, los grupos de represión de “limpieza social”.
En 1985, en Bogota, más de 800 familias fueron expulsadas del basurero “El Cortijo”, en 1988 se cerró el basurero de Britalia, de donde expulsaron a 450 familias, siendo en 1992 una más grave muestra de fascismo de Estado contra los recicladores, cuando todo Colombia se estremeció al enterarse que 11 recicladores fueron ingresados con engaños a la Facultad de Medicina de la Universidad Libre de la ciudad de Barranquilla y ahí fueron asesinados mediante experimentos médicos para “fines docentes y pedagógicos”, esto se dio a la luz gracias a que uno de ellos logró escapar herido y denunciar el hecho a las autoridades.
La persecución fascista que denuncian los recicladores ha llevado a la formación de organizaciones gremiales y sindicales que se han enfrentado a la política del Estado neoliberal de Alvaro Uribe, que atenta contra reclamos laborales, pues con la denominada “ley 1259”, del 2008, en donde en su artículo 6 numeral 6 ataca las principales fuentes laborares de los recicladores y sus asociaciones, prohíbe a personas naturales y jurídicas que destapen y extraigan parcial o totalmente el contenido de las bolsas de basura una vez sacada para su recolección.
¿A quién favorece esta norma? Se trata de traspasar los beneficios de un modo de vida inducido por el capitalismo neoliberal con su destructiva industrialización y el millonario mercado de la basura, íntimamente ligado al mercado del petróleo del que se derivan los plásticos y principales contaminantes, junto con una embestida global para despojar a los pueblos originarios poseedores del 80 por ciento de los recursos naturales en el planeta, donde se dan procesos sociales emergentes, a las empresas privadas de manejo de residuos, favorecidas por las políticas gubernamentales. Tal es el caso de “Ecoeficiencia”, una de las principales empresas que provee de “servicios ambientales” manejada por Tomás Uribe, hijo del presidente Alvaro Uribe Vélez, empresa que ha recibido múltiples beneficios del Estado para favorecer su amplio nicho de mercado, siendo ahora este tipo de negocios los que son legales, mientras los pueblos recicladores son los delincuentes.